
Te volví a soñar, ay si. Y me desperté y te vi, no se si eran imágenes del sueño o de vos en realidad. Anda a saber si va a pasar de verdad. Soñé que nos sentabamos al sol y que como me daba en el rostro, yo cerraba los ojos, entonces no te veía pero te escuchaba, y cada vez que los volvía a abrir te me acercabas más y más, hasta que te tenía en frente y murmurabas palabras que no puedo recordar a la perfección porque me quedé perdida en tus cachetes, tus mejillas rojas. Sé que algunas de esas palabras olían a celos y que yo te preguntaba si eso era lo que ocurría; y sucedió, lo dijiste. Te reitero, anda a saber si pasa y sucede de verdad. Me admitías que te estabas volviendo loco de celos y yo ni sabía porque, aunque mi inconciente en el sueño sí: por este chico, este indie rokker que conocí con el que si bien no pasó nada, ambos dos nos quedamos con todas las ganas. Y no sé qué es peor. Es decir, soñé que te ponías celoso y que antes de que yo pudiera objetar me dabas un beso y otro, y otro y otro. Y yo desperté con el sol que me rajaba la cara, que me hacía sonreír y me hacía darme cuenta de que yo estaba acá y vos allá y que mi sueño no podría haber sucedido ni en un millón de años luz, ni kilometros, ni noches. Ni días. Me mandaste un mensaje el otro día, y te lo contesté tan tarde. Se me pasó, perdón, pero el hecho es que no contestaste más, y no sé nada de vos desde el lunes. Y no sé porque, en circunstancias normales no te hubiera extrañado tanto como ahora lo hago, pero los kilometros tienen efectos en mí que no puedo expresar con tanta claridad, digamos que no puedo verte cuando se me da la gana o llamarte y pedirte que me rescates como (aunque poco) hiciste alguna vez. Supongo que mi cabello no es tan largo, y mi trenza para nada extensa para llegar a Buenos Aires y que vos puedas subir a Bariloche y liberarme de mi cuento de hadas donde soy Rapunzel y vos, buscate en wikipedia como se llamaba el príncipe de Rapunzel. Ay, te soñé y te extraño.
y hoy nevó.


